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| Ulises y Paula jugando |
El Bóxer es la ruina de los psiquiatras, el perro sin problemas,
el autentico antidepresivo. Y así es unánimemente reconocido,
siendo utilizado con fines terapéuticos para personas con
este tipo de problemas, o por la Fundación Purina, por ejemplo,
en un programa de reinserción de presos puesto en marcha ya
hace años en varios centros penitenciarios con excelentes
resultados. Levantar el ánimo a personas privadas de su libertad
no está al alcance de cualquiera. Lo de los niños ya es caso
aparte, una pasión indisimulada y puesta en evidencia desmesuradamente
por el Bóxer desde su más tierna infancia como cachorrito.
Sin lugar a dudas, el binomio niño-perro alcanza una de sus
máximas expresiones cuando hablamos de esta raza, otra cualidad
que la convierte en ideal para la vida familiar.
La cabeza: la expresión de la raza
Un cráneo branquicéfalo, es decir, más ancho que largo, de
ejes convergentes con el facial, donde se alojan unos ojos
oscuros esfero-romboidales tremendamente expresivos y de mirada
viva e inteligente, pero, sobre todo, sobre un hocico potente
y cúbico de caña nasal corta, con cierre de mordida prognática
y mentón marcado. Es, efectivamente, esa cabeza de perro chato
la primera tarjeta de presentación del Bóxer ante unos nuevos
conocidos y, por extensión, su rasgo más peculiar.
El porqué de esta característica fijada artificialmente a
través de la selección en la cría debemos encontrarlo en los
objetivos de funcionalidad deseados en los ancestros de la
raza, todos ellos relacionados de alguna manera (perros de
caza mayor, de agarre y de combate) con la necesidad de posee
una presa fuerte y sostenida. De aquí viene ese ligero acortamiento
de las mandíbulas y la introducción del prognatismo, para
aumentar la fuerza de agarre y facilitar la respiración sin
soltarla presa. Por todo ello, planteado desde una cierta
prudencia y huida del hipertipismo, como demuestra su atlética
construcción, que sugiere un ritmo de vida funcionalmente
muy alejado del de otros braquicéfalos prognáticos tan ilustres
como, por ejemplo, el Bulldog.
El hocico del Bóxer es cúbico y debe aparecer potente y poderosamente
desarrollado. Para ello es preciso contar con un cráneo no
demasiado ancho y con unas mejillas en las que los músculos
del maxilar no resulten demasiado prominentes.
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| Dentadura |
El cierre prognático de la mandíbula (es decir, con la mandíbula
inferior por delante de la superior) y el mentón marcado bajo
el labio superior, son imperativos básicos para una buena
expresión de tipicidad. Ambas características van necesariamente
asociadas a una cierta curvatura del maxilar inferior, que
incide por el otro lado de manera proporcionalmente inversa
a la anchura de dicho maxilar, a pesar de que es imperativo
también que éste sea lo más ancho posible para contribuir
al aspecto cúbico del hocico.
La longitud de dicho hocico ha de ser igual a la mitad de
la longitud del cráneo, y la suma de ambas debe representar
un tercio de la medida del perro a la cruz.
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| Color de los ojos |
Debemos añadir también un cráneo ligeramente curvado, unas
orejas implantadas altas y bien portadas y unos labios carnosos,
en particular el superior, que debe cubrir siempre los incisivos
inferiores y generar un bello dibujo de belfos ligeramente
colgantes, nunca estirados.
La piel de la cabeza nunca ha de resultar sobrante, sin formar
arrugas excesivas en la frente ni papada en el cuello.
Por si fuera poco, los ojos alcanzan una importancia primordial
en la correcta expresión de tipicidad de la raza, que debe
aparentar como si nos estuviera interrogando con la mirada.
Son de inserción subfrontal y de forma esfero-romboidal, tamaño
medio y oscuros, aunque brillantes y amigables, ni hundidos
ni saltones. Constan de una membrana protectora que podemos
apreciar con el ojo abierto con el borde inferior interno
denominada tercer párpado, que debe presentar una coloración
marrón oscura.
Su despigmentación, muy frecuente en ejemplares con manto
marcado en blanco, constituye un defecto menor que no influye
en la calificación recibida en las exposiciones de belleza,
donde no pocos campeones poseen esta pequeña imperfección.
Por último, los ojos y el hocico deben hallarse rodeados
de una máscara intensamente oscura, no demasiado alta ni sombría,
y mucho menos pobre o débilmente pigmentada. Las particulares
características del color de los ojos o la conformación de
las dentaduras son analizadas en cuadros aparte.
Su construcción: una mecánica perfecta
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ANGULACIONES Y APLOMOS
CORRECTOS
PROPORCIONES IMPORTANTES |
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| EJES FUNCIONALES |
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Su principal característica, la de hallarse inscrita en el
cuadrado, no hace sino aumentar las exigencias de perfección
al mínimo detalle para que el movimiento de esta raza concebida
como un galopador de grandes distancias sobre terrenos irregulares
resulte del todo funcional. De esta manera, el grado de sincronización
requerido entre todos los segmentos de su anatomía resulta
mucho mayor que el de otras razas construidas fuera del cuadrado,
con más espacio disponible para imperfecciones a la hora de
expresar su estructura mediante el movimiento. La maquinaria
el Bóxer divide funcionalmente su anatomía: el tren posterior
proporciona el empuje principal que impulsa al conjunto. La
trasmisión de este empuje viene dada por el tronco, mientras
que el tren anterior la amortigua y rentabiliza, además de
colaborar también en el empuje y la guía.
La cabeza y el cuello dirigen y guardan el equilibrio del
movimiento. Todo ello debe venir representado por una buena
osamenta y una musculatura bien desarrollada, seca y claramente
definida bajo el manto de la piel.
Radiografiando la estructura del Bóxer, podíamos observar
que ese balance perfecto en el conjunto de su construcción
se basa en la igualdad de medidas entre los seis diferentes
segmentos que forman los ejes funcionales de sus trenes anterior
y posterior. Dichas medidas no corresponden a la longitud
exacta de los huesos, sino a las existentes entre los distintos
puntos de flexión de las articulaciones. (ver figura Ejes
funcionales). En el tren anterior encontramos un ángulo
escapulo-humeral de 90 grados, formando otro de 45 con la
horizontal. La corrección de esta angulación define la amplitud
máxima de alcance para este tren anterior, ligeramente inferior
a la altura de la cruz para un ejemplar bien construido.
El antebrazo es recto y perpendicular al suelo, siguiéndole
un metacarpo corto y ligeramente inclinado, aunque casi recto,
que termina en un pie de gato de dedos bien prietos y arqueados.
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| Oto de la Estribera |
Aunque para un galopador nato el pie de liebre y el metacarpo
más inclinado aumentan e brazo de palanca y la velocidad debido
a su mayor longitud, el metacarpo corto del Bóxer le proporciona
un galope menos fatigoso, más adecuado para las grandes distancias
que debe recorrer, aunque siempre presentando una pequeña
inclinación que amortigüe la caída de cada impulsión del posterior.
El pie de gato, más pequeño, es también más adecuado para
terrenos irregulares y, al igual que el metacarpo corto, menos
propenso a fracturas y torceduras que el pie de liebre y el
metacarpo largo de otros galopadores como los Lebreles.
El tronco consta de un tórax profundo (la mitad de la altura
a la cruz) y de buena capacidad para albergar al corazón y
los pulmones que corresponden a un atleta, sirviéndose para
ello de un costillar bien arqueado, ni plano ni atonelado.
El riñón es corto y potente, aunque conservando una cintura
atlética, sin ofrecer por ello una línea inferior agalgada.
En cuanto a la línea superior, caracterizada por una cruz
destacada, también cabe señalarse su particularidad debida
a la ligerísima convexidad de su grupa y al salto relativamente
marcado que su columna presenta entre las vértebras del dorso
y las cervicales, en la zona de la cruz. La espalda recta
de cuello a cola tan erróneamente idealizada, constituye una
construcción absolutamente irracional, mucho menos resistente,
sin contar con los desarreglos que puede provocar en el anterior,
más sensible a las oscilaciones verticales producto del movimiento;
es una estructura fuera de toda funcionalidad y que jamás
encontraremos en un estado natural. Por supuesto que las líneas
superiores ensilladas o encarpadas tampoco son deseables.
El potente tren posterior viene dado por un ángulo tibio
metatarsiano (corvejón) de 140 grados, con una inclinación
respecto al terreno de unos 30 grados en el eje de la tibia,
y de unos 95 a 100 grados en el caso del metatarso.
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| Vito de la Estribera |
La posibilidad de acción del tren posterior viene dada por
la distancia entre el punto de apoyo de un miembro flexionado
con el pie situado directamente bajo la protuberancia de la
cadera y el punto de apoyo de un miembro totalmente extendido,
justo antes de que los pies se levanten.
En las exposiciones de belleza la espectacular y temperamental
presentación estática del Bóxer puede disimular muchas de
sus posibles imperfecciones estructurales, pero en el movimiento,
donde debe expresar la funcionalidad de su construcción, ninguna
de ellas pasará desapercibida para el ojo experto de un juez
especialista.
El movimiento del Bóxer bien construido abarca mucho terreno
en cada zancada y ofrece una línea superior impecablemente
firme.
Visto desde delante y desde atrás, los miembros se desplazan
sobre los ejes formados por los puntos de las articulaciones.
A medida que la velocidad aumenta, los huesos se acercan al
eje medio del cuerpo, con el fin de compensar los desplazamientos
laterales producidos; a semejanza de lo que sucede cuando
pedaleamos sobre una bicicleta y queremos aumentar la velocidad.
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